
Acababa de empezar la Poalá, apenas hacia un minuto y este vecino intrépido intento entrar en su portal a solo un metro de la valla y aunque hacia un minuto y era solo un metro, no fue demasiado rápido como para librarse de un cubo, como indica las huellas húmedas de la pared.
En la Poalá se producen lo que en ambientes bélicos se llama “daños colaterales”, unas veces por personas que desoyendo las advertencias se adentra en el tramo acortado para atravesarlo o acceder hasta algún portal donde residen y otros a los que no se les dice toda la verdad ante su pregunta:
- ¿Puedo pasar?...
Son diversas las respuestas que se pueden oír…
Si es alguien de la organización te avisara que si entras, te mojaras, cosa que algunos listos creen poder evitar, hasta que han dado 10 pasos y ven como litros y litros de agua le viene encima.
Otros creen que como mucho le alcanzar algunas salpicaduras, porque ellos van por los laterales y no van a participar, solo quieren cruzar de una manera desapercibida, pero dentro del jolgorio y griterío, l@s camisas mojad@s poseen un sistema de comunicación muy perfeccionado a base de gritos y señas que ponen en sobré aviso a todo los cubos llenos de agua de los alrededores que rápidamente convergen en la trayectoria de osado invasor.
Algunos de los participantes se colocan con cubos a los lados de la barrera esperando como aves de presa, a que una victima incauta cruce la frontera de la zona seca a la húmeda.
Incluso los alientan a pasar con medias verdades:
- Si, claro, tu no eres de la fiesta y no te van hacer nada.
- Vale, pero ve por las aceras.
- No te preocupes que si yo te acompaño no le mojan – y se adentran juntos en la vorágine – mientras el guardaespaldas grita ante las primera lluvias y hace grandes gestos con la mano – no, no, a el no mojarlo, mojarme a mi, pero a el no…- sin poder ocultar una sonrisa maliciosa en la boca.
- ¿Puedo pasar?...
Son diversas las respuestas que se pueden oír…
Si es alguien de la organización te avisara que si entras, te mojaras, cosa que algunos listos creen poder evitar, hasta que han dado 10 pasos y ven como litros y litros de agua le viene encima.
Otros creen que como mucho le alcanzar algunas salpicaduras, porque ellos van por los laterales y no van a participar, solo quieren cruzar de una manera desapercibida, pero dentro del jolgorio y griterío, l@s camisas mojad@s poseen un sistema de comunicación muy perfeccionado a base de gritos y señas que ponen en sobré aviso a todo los cubos llenos de agua de los alrededores que rápidamente convergen en la trayectoria de osado invasor.
Algunos de los participantes se colocan con cubos a los lados de la barrera esperando como aves de presa, a que una victima incauta cruce la frontera de la zona seca a la húmeda.
Incluso los alientan a pasar con medias verdades:
- Si, claro, tu no eres de la fiesta y no te van hacer nada.
- Vale, pero ve por las aceras.
- No te preocupes que si yo te acompaño no le mojan – y se adentran juntos en la vorágine – mientras el guardaespaldas grita ante las primera lluvias y hace grandes gestos con la mano – no, no, a el no mojarlo, mojarme a mi, pero a el no…- sin poder ocultar una sonrisa maliciosa en la boca.

Esta buena mujer intenta poner a salvo el móvil del bolso. Esta y todas las fotos de esta entrada, son únicas, pues son realizadas sin el modo ráfagas (que disparas varias fotos).
Algunos se lo toman bien, la mayoría lo sufren perplejos y una mínima parte, de los diez o doce aguados no invitados que vi, solo una se cabreo y era una vecina que entraba a un portal.
Y digo yo, la Poalá apenas dura una hora, de las ocho mil y pico que tiene el año, si a esto le unimos que es una cosa organizada con antelación, a la existencia de policías para poderles preguntar y al hecho de haber unas barreras cortando el paso, quien entra dentro es porque quiere o es un inocente angelit@. Así que no entiendo si alguien se queja.

La Poalá estaba terminando, el último camión cuba salía, cuando salio esta señora e hijo empapados de dentro, cargados de tabla y trastos de playa y le dice uno:
- Señora, no se había bañado bastante en la playa, que se ha venido aquí.
- Señora, no se había bañado bastante en la playa, que se ha venido aquí.


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